Osos de Manatí, reaccionaron demasiado tarde

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La temporada 2026 de los Osos de Manatí representó una mejoría significativa, pero terminó dejando una sensación agridulce. Después de registrar la peor marca del BSN en 2025 con 4-30, Manatí cerró esta campaña con récord de 15-19, ocupó el quinto lugar de la Conferencia A y quedó fuera de la postemporada por segundo año consecutivo. Ganar once partidos adicionales demuestra un avance, pero insuficiente.El regreso de Iván Ríos a la dirección fue presentado como un nuevo comienzo, sin embargo, el dirigente había sido despedido durante el complicado inicio de la temporada anterior. La gerencia volvió a confiarle el proyecto buscando la competitividad que había tuvo en el subcampeonato de 2024.

Manatí comenzó la campaña con una plantilla que, sobre el papel, tenía buena profundidad. Chris Ortiz, Tyquan Rolón, Alex Morales, Ethan Thompson, Tyler Davis, Alex Abreu, Raymond Cintrón, Mike Bruesewitz y Giovanni Santiago formaban parte del núcleo nativo. Como refuerzos iniciales fueron anunciados Ryan Arcidiacono, Tyler Cook y Jamil Wilson, mientras Cheick Diallo debía incorporarse posteriormente. La configuración inicial no consiguió mantenerse. Entre lesiones, problemas de disponibilidad y cambios de importados, los Osos tuvieron que modificar constantemente su rotación. Lo que debía convertirse en una plantilla joven, atlética y versátil terminó funcionando durante largos periodos con siete u ocho jugadores. Esa falta de continuidad impidió que el equipo consolidara una identidad ofensiva y una combinación estable de refuerzos.

Aun así, Manatí comenzó dando señales positivas. Durante abril ganó tres de cuatro partidos y consiguió una de sus victorias más importantes al derrotar 85-77 a los Vaqueros en Bayamón. Tyquan Rolón encabezó aquella actuación con 17 puntos. Rolón fue una de las historias más valiosas de la temporada. El escolta asumió mayores responsabilidades, presionó defensivamente, atacó el canasto y respondió en momentos importantes. La ausencia más importante fue la de Jhivvan Jackson. No contar con un jugador con su capacidad para fabricar puntos, romper defensas desde el drible y asumir posesiones importantes afecta considerablemente la ofensiva. Jackson no fue la única baja. Para mediados de junio, Ríos reconocía que la cantidad de lesiones había reducido su rotación a siete u ocho jugadores. Los Osos continuaron compitiendo, pero no contaban con los recursos necesarios para enfrentar una conferencia tan cerrada.

Los cambios de refuerzos también marcaron la temporada. Jameer Nelson Jr. se convirtió en uno de los principales productores ofensivos y promedió 20.8 puntos por partido. Su capacidad para manejar el balón, atacar desde el perímetro y crear su propio lanzamiento le dio al equipo lo que necesitaba. Kristian Doolittle aportó 18.8 tantos por encuentro y Kendric Davis, aunque participó menos, terminó como líder anotador oficial del equipo con 23.5 puntos por juego. Su llegada fortaleció la creación ofensiva durante el tramo final, pero ocurrió demasiado tarde para modificar el destino de la temporada. Ese fue uno de los problemas centrales del proyecto, los Osos necesitaron gran parte de la temporada para encontrar a los refuerzos que mejor complementaban su núcleo nativo.

Manatí fue mucho más competitivo en su cancha que como visitante. Al comenzar la última etapa de la campaña solamente había ganado dos de sus primeros 14 encuentros en la carretera. Esa diferencia fue determinante. Un equipo que aspiraba a superar a Santurce por la cuarta posición necesitaba conseguir varias victorias fuera del Coliseo Juan Aubín Cruz Abreu. Al llegar al 19 de junio, los Osos tenían marca de 11-18, ocupaban el último lugar de su conferencia y se encontraban a cuatro partidos de la posición clasificatoria. Les quedaban cinco compromisos y necesitaban prácticamente una combinación perfecta de victorias propias y derrotas de Santurce. Deportivamente seguían con vida, pero ya no controlaban su destino.

Fue entonces cuando apareció la mejor versión del equipo. Manatí venció 105-94 a Quebradillas, superó 96-88 a Ponce y remontó para derrotar 93-92 a Arecibo. Tres victorias consecutivas mantuvieron vivas sus posibilidades y demostraron el carácter de una plantilla que se negó a abandonar la temporada. Sin embargo, el despertar llegó demasiado tarde. La derrota 98-92 ante Caguas terminó con sus posibilidades matemáticas de clasificar. Manatí había conseguido acercarse, pero necesitaba ganar todos sus compromisos restantes y no pudo superar al mejor equipo de la conferencia cuando más lo necesitaba.

Los Osos cerraron la temporada de manera espectacular al vencer 123-85 a Carolina. Ganaron cuatro de sus últimos cinco partidos y terminaron con una demostración ofensiva que confirmó cuánto habían mejorado. El equipo también sufrió por su inestabilidad entre los refuerzos, el pobre desempeño inicial como visitante y la incapacidad para sostener durante semanas un buen nivel. La defensa fue irregular. Las estadísticas colectivas registraron aproximadamente 87.9 puntos anotados y 88.9 recibidos por juego. Esa diferencia de apenas un punto refleja exactamente la naturaleza de su temporada.

Ofensivamente, los Osos dependieron demasiado de la creación individual. Cuando faltaba alguno de los principales manejadores o el lanzamiento exterior no entraba, el equipo atravesaba periodos prolongados sin ejecutar con claridad. Comparada con el 4-30 de 2025, la campaña fue un avance considerable. Sin embargo, terminar 15-19 y fuera de los playoffs sigue siendo insuficiente. Una franquicia que fue subcampeona hace solamente dos temporadas no puede conformarse con mejorar sin clasificar. Manatí cuenta con piezas importantes para continuar. La gerencia deberá complementar ese núcleo con importados que puedan estar disponibles desde el principio. Los Osos no tuvieron una temporada fracasada en comparación con el 2025.

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Mets de Guaynabo, una temporada inestable

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La temporada 2026 de los Mets de Guaynabo terminó como una prolongación de los problemas que ya habían sufrido durante el año anterior. Guaynabo finalizó con marca de 14-20, ocupó el sexto y último lugar del Grupo A y quedó fuera de la postemporada por segunda campaña consecutiva. El equipo mejoró apenas una victoria respecto al 13-21 de 2025, una diferencia demasiado pequeña para una organización que reforzó su plantilla, cambió de dirigente y comenzó el torneo con la intención expresa de regresar a los playoffs.

La contratación de Jorge “Jorgito” Rincón representaba el inicio de una nueva etapa. La gerencia buscaba recuperar la disciplina, la defensa y el sentido colectivo que se habían perdido durante la campaña anterior. Rincón conocía la organización porque había trabajado como asistente de los Mets, y llegaba después de dirigir en distintos niveles del baloncesto internacional. Sin embargo, asumió un proyecto que también enfrentaba una situación poco habitual, jugar toda la temporada fuera de Guaynabo. La remodelación del Coliseo Mario “Quijote” Morales obligó a los Mets a trasladarse principalmente al Coliseo Fernando “Rube” Hernández de Gurabo. Aunque la instalación presentó un buen ambiente en varios encuentros, la mudanza afectó la rutina del equipo y su relación cotidiana con la fanaticada.

La gerencia también realizó movimientos agresivos antes del comienzo de la campaña. Guaynabo adquirió a Brandon Knight, Jugador Más Valioso del BSN en 2023, en un cambio que envió a Derrick Williams a Arecibo. Knight venía de promediar 19.8 puntos, 5.7 asistencias y 4.1 rebotes con los Capitanes, por lo que su llegada parecía resolver la necesidad de contar con un armador capaz de organizar la ofensiva y asumir responsabilidad anotadora. La contratación generó expectativas legítimas y convirtió a los Mets en un equipo interesante antes del torneo.

El inicio pareció justificar ese optimismo. Guaynabo venció 93-88 a Santurce en su primer partido con 21 puntos, seis rebotes y ocho asistencias de Knight. Sin embargo, aquella versión duró muy poco. Los Mets perdieron cuatro partidos consecutivos durante abril, cayeron a 3-6 y ocuparon desde temprano el último lugar de su grupo.

La principal preocupación en ese momento era el desempeño de los refuerzos. Knight producía, pero Pinson y Devin Williams no aportaban con la consistencia necesaria. La lesión de Knight aumentó la inestabilidad. Max Abmas llegó como sustituto temporero, promediando alrededor de 15 puntos durante su primera participación. Posteriormente, Guaynabo contrató a Torrey Craig en sustitución de Abmas, pero el movimiento volvió a cambiar la composición del equipo.

Knight terminó como líder oficial del equipo con 18.0 puntos, sin embargo, las lesiones y sustituciones evitaron que tuviera continuidad junto a los otros refuerzos. Cada ausencia obligaba a Rincón a modificar nuevamente la distribución del balón y las responsabilidades ofensivas. Torrey Craig promedió 17.0 puntos y produjo varias actuaciones importantes. Craig fue una buena contratación individual, el problema fue que llegó a un conjunto que todavía intentaba descubrir cuál era su mejor combinación.

La figura más estable de los Mets fue Ysmael Romero. El delantero-centro terminó entre los principales anotadores de la plantilla, con aproximadamente 17.5 puntos y más de ocho rebotes por encuentro. Romero fue eficiente cerca del canasto, dominó el rebote ofensivo y sostuvo al equipo durante los periodos en que los refuerzos cambiaban. Su desempeño fue reconocido al ser seleccionado como Jugador Más Valioso del Juego de Estrellas del BSN. Guaynabo dependió demasiado de su producción interior. Cuando enfrentaba problemas de faltas personales o los rivales limitaban sus oportunidades cerca del aro, la ofensiva perdía balance. El equipo no contó consistentemente con otra presencia interior que complementara su físico, lo ayudara en el rebote y evitara que cargara con tantas responsabilidades.

Jaysean Paige continuó siendo una de las principales figuras nativas de los Mets y produjo partidos importantes, incluyendo una actuación de 24 puntos contra Bayamón durante junio. Sin embargo, su temporada también reflejó uno de los problemas generales del equipo, Guaynabo tenía varios jugadores capaces de anotar, pero no siempre conseguía integrarlos dentro de una ofensiva estable. K.J. Maura, Eric Ayala y el resto de la rotación ofrecieron aportaciones puntuales, pero el núcleo nativo careció de la profundidad necesaria para compensar las ausencias de los importados. La diferencia entre las figuras principales y el resto de la plantilla fue demasiado grande.

Los Mets tuvieron momentos en los que parecían capaces de entrar nuevamente en la lucha. Vencieron a Santurce en partidos importantes, derrotaron a Mayagüez como visitantes y superaron 94-90 a Carolina a finales de mayo. El problema fue que nunca pudo convertir esos triunfos en una racha prolongada. Después de alcanzar marca de 12-11, los Mets perdieron ante Bayamón y Caguas, permitiendo 103 y 104 puntos, respectivamente. Más adelante derrotaron a Santurce, pero cayeron frente a Ponce. Cada vez que se acercaban al cuarto lugar, otra derrota volvía a separarlos.

La defensa tampoco alcanzó el nivel que la gerencia había proyectado. El equipo tenía jugadores con capacidad para defender individualmente, especialmente Craig, Romero, Paige y Maura, pero presentó dificultades. En sus últimos cinco partidos concedió 95, 101, 104, 129 y 111 puntos. Permitir un promedio de 108 puntos durante ese tramo confirmó que la defensa colapsó cuando el equipo necesitaba ganar para mantenerse con vida.

A todo lo anterior se sumó un problema administrativo que terminó destruyendo sus últimas posibilidades. Guaynabo retiró la apelación relacionada con las violaciones al Tope Contractual Colectivo y al Impuesto de Lujo cometidas durante la temporada anterior. Como consecuencia, el BSN le impuso una multa de $50,000, le retiró todos sus turnos del Sorteo de Nuevo Ingreso de 2027 y le prohibió utilizar sus tres refuerzos durante los últimos tres partidos de la fase regular. El castigo eliminó cualquier posibilidad de una reacción final, pero los Mets habían comprometido su temporada mucho antes.

La gerencia, deberá reconocer que el problema no se soluciona acumulando nombres conocidos. Knight, Craig, Romero y Paige podían competir con las principales figuras del BSN, pero la plantilla careció de profundidad. Los Mets poseen piezas sobre las cuales pueden reconstruir. Sin embargo, la pérdida de todos los turnos del sorteo de 2027 complicará el proceso de rejuvenecer el núcleo nativo. Guaynabo no quedó fuera porque pasó gran parte de la temporada buscando una combinación que nunca encontró. La sanción fue el golpe final, los Mets terminaron últimos en su grupo y fuera de los playoffs por segundo año consecutivo.

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