Inglaterra llegó a la Copa Mundial de la FIFA 2026 como una de las principales aspirantes al campeonato. Bajo la dirección de Thomas Tuchel, los Three Lions presentaron una plantilla construida alrededor de Harry Kane, Jude Bellingham, Bukayo Saka, Cole Palmer, Declan Rice y Jordan Pickford, acompañados por alternativas ofensivas como Ollie Watkins e Ivan Toney. El objetivo era transformar la consistencia alcanzada durante los últimos torneos internacionales en el segundo título mundial de su historia y el primero desde 1966.
El comienzo reforzó esas expectativas. Inglaterra debutó con una victoria 4-2 sobre Croacia, en un encuentro en el que Kane lideró la ofensiva y el equipo mostró profundidad. La segunda presentación fue menos convincente, el empate 0-0 frente a Ghana expuso dificultades para superar una estructura defensiva organizada. En el cierre del Grupo L, los ingleses derrotaron 2-0 a Panamá con goles de Bellingham y Kane, resultado que les permitió asegurar la primera posición de la sección.
La fase eliminatoria comenzó con una prueba inesperadamente complicada. La República Democrática del Congo tomó la ventaja y obligó a Inglaterra a perseguir el partido, pero dos goles tardíos de Kane completaron la remontada por 2-1. El resultado confirmó el peso de su capitán y la capacidad del equipo para responder en situaciones adversas, aunque también dejó dudas sobre su manejo de los encuentros y su vulnerabilidad ante rivales que atacan con velocidad.
En los octavos de final, Inglaterra derrotó 3-2 a México. El conjunto inglés avanzó nuevamente, pero volvió a conceder oportunidades y necesitó sostener una elevada producción ofensiva para compensar sus dificultades defensivas. Esa tendencia se repitió en los cuartos de final frente a Noruega. Los escandinavos tomaron la ventaja, pero Bellingham marcó dos veces y condujo a Inglaterra a una victoria 2-1 que aseguró su tercera semifinal mundialista en las últimas cuatro ediciones disputadas desde 1990. Tuchel reconoció la capacidad de reacción de sus jugadores, aunque también advirtió que el rendimiento debía mejorar considerablemente.
La semifinal contra Argentina representó la prueba definitiva. Inglaterra logró adelantarse y estuvo cerca de alcanzar su primera final mundialista desde 1966, pero el campeón defensor reaccionó durante el tramo final y completó una remontada por 2-1. La derrota volvió a detener a una generación inglesa cerca de la meta y prolongó la frustración de una selección que ha acumulado talento, profundidad y experiencias importantes, pero continúa sin conquistar un título mundial durante la era moderna.
Antes del partido por el tercer lugar frente a Francia, Inglaterra registraba cinco victorias, un empate y una derrota, con 14 goles anotados y ocho recibidos. Kane volvió a ejercer como referente ofensivo, mientras que Bellingham protagonizó algunos de los momentos más determinantes de la fase eliminatoria. La actuación puede considerarse competitiva y consistente por alcanzar nuevamente las semifinales.
El Mundial de Inglaterra dejó una sensación conocida, el equipo volvió a situarse entre los mejores, demostró carácter para remontar y contó con figuras capaces de decidir partidos, pero no consiguió sostener su mejor versión cuando se presentó la oportunidad de disputar el título. La semifinal confirmó que Inglaterra ya pertenece de manera habitual a la élite competitiva, el desafío pendiente continúa siendo convertir esa presencia constante en una consagración.