La temporada de los Gigantes de Carolina-Canóvanas tuvo suficientes momentos positivos para considerarla competitiva, pero no los resultados necesarios para catalogarla como exitosa. El equipo terminó la fase regular con marca de 18-16, ocupó el cuarto lugar de la Conferencia A y clasificó a la postemporada. Allí comenzó sorprendiendo a Bayamón como visitante, pero perdió los siguientes cuatro partidos y quedó eliminado 4-1 en los cuartos de final. Por segundo año consecutivo, fueron precisamente los Vaqueros quienes terminaron su temporada.
Carolina comenzó el torneo con expectativas. Tremont Waters estaba disponible desde el inicio después de perderse más de un año debido a la rotura del tendón de Aquiles, George Conditt IV regresaba como una de las principales figuras nativas y la gerencia contrató a Jaylen Nowell, un anotador con experiencia en la NBA. El plantel también incorporó a Hunter Tyson y contó en distintos momentos con Kristian Doolittle, Scottie James y, finalmente, DeAndre Williams. Sobre el papel, los Gigantes tenían talento, tamaño y alternativas para competir entre los mejores de su conferencia.
Sin embargo, comenzaron con marca de 1-3 y esa mala salida alteró el manejo de la temporada. Carlos González reconoció que, desde ese momento, sintió la necesidad de tratar cada partido como si fuera de postemporada. La principal consecuencia fue aumentar los minutos y las responsabilidades de Nowell. La decisión ayudó a que Carolina se recuperara, pero también creó una dependencia ofensiva que terminaría perjudicando al equipo en los playoffs.
Nowell fue indiscutiblemente la gran figura de los Gigantes durante la fase regular. Promedió 22.4 puntos por juego, terminó como líder anotador del BSN y fue seleccionado para el Equipo Ideal de la temporada. Durante varios momentos de la campaña, el “calentón” dependió directamente de su capacidad para crear y resolver posesiones.
Tremont Waters protagonizó otra de las historias positivas del año. Luego de una ausencia tan extensa, fue recuperando ritmo hasta promediar 16.3 puntos y 6.8 asistencias. Aunque atravesó periodos de inconsistencia, volvió a demostrar su habilidad para controlar la ofensiva, penetrar y crear oportunidades para los demás. Su regreso permitió que Carolina contara con uno de los mejores armadores del torneo y evitó que toda la generación ofensiva recayera sobre Nowell.
La temporada de George Conditt IV fue más complicada. Para principios de junio promediaba 7.7 puntos y 8.5 rebotes, números inferiores a lo esperado para un jugador de su importancia. El propio centro reconoció públicamente su bajo rendimiento y fue muy crítico consigo mismo. Aun así, tuvo algunos partidos sobresalientes, incluyendo 22 puntos y 19 rebotes frente a Bayamón.
Hunter Tyson ofreció anotación y capacidad para abrir la cancha, mientras Scottie James aportó rebotes y trabajo interior. Daniel Rivera también dio pasos importantes dentro de la rotación y Jesús Cruz mantuvo su rol como jugador de energía, defensa y esfuerzo. La llegada de Chad Baker-Mazara para los playoffs representó una incorporación de futuro. El primer seleccionado del Sorteo de Nuevo Ingreso llegó sin haber practicado ni disputado partidos con el equipo, pero anotó 10 puntos en apenas 11 minutos durante su debut ante Bayamón.
Uno de los momentos más destacados de la temporada fue precisamente el desempeño de Carolina frente a los Vaqueros. Los equipos dividieron 2-2 sus cuatro enfrentamientos de la fase regular y cada uno defendió su cancha. Los Gigantes vencieron dos veces a Bayamón mediante grandes remontadas y canastos decisivos de Nowell.
Esa tendencia se repitió en los playoffs. Los Gigantes comenzaron la serie remontando una desventaja de 17 puntos para ganar 78-69 en Bayamón. Waters anotó 19, Nowell agregó 17, Baker-Mazara tuvo un impacto inmediato y Conditt terminó con 10 puntos y 10 rebotes. Carolina robó la ventaja de cancha y parecía encontrarse en una posición ideal para vengar la barrida sufrida en 2025. Pero los Gigantes dejaron escapar el segundo partido en Canóvanas, 73-71, con un canasto de Chris McCullough. Esa derrota cambió completamente la serie. Bayamón ganó después el tercer encuentro, volvió a imponerse en Canóvanas por 72-68 y cerró la eliminatoria con una victoria 90-81 en el quinto juego.
La defensa de los Gigantes mantuvo varios encuentros cerrados, pero su ofensiva se redujo demasiado. Nowell, después de liderar el torneo con 22.4 puntos, cayó a solamente 13.4 por juego en la serie. Carlos González reconoció que el exceso de minutos y responsabilidades durante la fase regular pudo pasarle factura. Bayamón concentró su defensa sobre él, le dificultó encontrar espacios y obligó a Carolina a buscar producción en otras figuras.
Waters y Conditt fueron quienes mejor respondieron. Waters promedió aproximadamente 18 puntos durante los primeros cuatro encuentros, mientras Conditt terminó la serie con 14.8 tantos y 10.4 rebotes. Sin embargo, los demás refuerzos estuvieron por debajo de las expectativas. Scottie James produjo apenas nueve puntos en sus primeros tres partidos, lanzando para 20 % de campo, y fue sustituido por DeAndre Williams con Carolina abajo en la serie. El movimiento llegó demasiado tarde y tampoco produjo el cambio necesario.
El equipo dependió demasiado de Nowell para sobrevivir la temporada regular y no desarrolló una segunda estructura ofensiva confiable. Cuando Bayamón neutralizó a su principal anotador, los Gigantes no tuvieron la eficiencia ni la profundidad para encontrar otra solución. Tampoco ayudó la inestabilidad entre los refuerzos y la integración tardía de Baker-Mazara, cuyo talento resultó evidente, aunque no podía esperarse que un novato recién llegado transformara inmediatamente la ofensiva.
La temporada de los Gigantes fue aceptable, pero insuficiente para una organización que ganó el campeonato en 2023 y aspiraba a regresar a esa posición. Su marca de 18-16 refleja exactamente lo que fueron, un equipo peligroso, capaz de derrotar a cualquiera, pero demasiado irregular para sostener ese nivel durante una serie. Los Gigantes no fracasaron por falta de esfuerzo ni porque Bayamón los dominara fácilmente. Fueron eliminados porque los Vaqueros tuvieron más alternativas, ejecutaron mejor en los cierres y consiguieron reducir la influencia de Nowell. Carolina tuvo momentos de verdadero “calentón”, pero nunca pudo mantenerlo encendido durante la postemporada.
Por:JOSEAN RAMOS