La temporada de los Cangrejeros de Santurce estuvo dividida en dos capítulos completamente distintos. Durante la primera mitad, el equipo fue una de las mayores decepciones del BSN. Tenía talento, experiencia y nombres reconocidos, pero carecía de química y una identidad definida. La llegada de David Rosario cambió el panorama, permitió una clasificación que llegó a estar seriamente comprometida y devolvió competitividad al conjunto. Sin embargo, la eliminación 4-2 ante Caguas confirmó que la reacción, aunque notable, no fue suficiente para resolver todas las deficiencias de la plantilla.
Santurce comenzó bajo la dirección de Nelson Colón y llegó al debut de Rosario con marca de 7-12, ocupando el último lugar de la Conferencia A. No era simplemente un problema de resultados. El propio Rosario reconoció que encontró un grupo dividido, con jugadores inconformes por sus minutos y otros por la distribución del balón. Para un equipo construido alrededor de figuras acostumbradas a asumir responsabilidades importantes, establecer funciones claras se convirtió en una dificultad constante. Había calidad individual, pero no siempre existía conexión.
El cambio de dirigente produjo una transformación inmediata. Santurce terminó ganando 12 de sus últimos 15 partidos, pasó de 7-12 a 19-15 y concluyó tercero en el Grupo A. Rosario simplificó la rotación, recuperó el compromiso defensivo y consiguió que el equipo jugara con mayor sentido colectivo. Los Cangrejeros dejaron de depender exclusivamente del talento individual y comenzaron a mostrar una personalidad más física, disciplinada y consistente. Su impacto fue evidente, bajo su mando tuvieron uno de los mejores cierres de toda la liga.
Malik Beasley fue el principal anotador de Santurce durante su participación, con promedio de 18.4 puntos, pero su salida obligó a modificar nuevamente la estructura ofensiva. Ian Clark regresó para sustituirlo y aportó 13.7 tantos por encuentro, ofreciendo experiencia, lanzamiento exterior y capacidad para generar su propio tiro. Jordan Howard fue otro de los jugadores más destacados con 13.8 puntos por juego y asumió una parte importante de la creación ofensiva. Isaiah Piñeiro también tuvo una temporada sólida, promedió 11.2 puntos y 4.8 rebotes, lanzó para 52 % de campo y realizó buena parte del trabajo que daba balance a la alineación.
Santurce contó, además, con una extensa colección de veteranos y refuerzos. Ángel Rodríguez aportó dirección y liderazgo, Walter Hodge ofreció experiencia en determinados momentos, DJ Wilson brindó versatilidad, mientras Davon Jefferson añadió producción durante la recuperación del equipo. La incorporación tardía de Kenneth Faried fortaleció la pintura y comenzó con una actuación de 23 puntos y 14 rebotes. El problema fue que tantas llegadas, sustituciones y cambios de funciones dificultaron construir una continuidad. Los Cangrejeros acumulaban experiencia, pero no necesariamente estabilidad.
Esa dependencia de jugadores veteranos representó simultáneamente una fortaleza y una debilidad. Santurce tenía figuras capaces de entender los momentos importantes, ejecutar posesiones bajo presión y cambiar un partido con su talento. Sin embargo, también presentó una rotación con poca renovación y demasiados jugadores acostumbrados a necesitar el balón. Cuando el ritmo aumentaba o la serie exigía sostener la intensidad durante varios encuentros consecutivos, el equipo no siempre podía responder con la misma energía y consistencia.
Ante Caguas, los Cangrejeros demostraron inicialmente que tenían herramientas para avanzar. Después de dividir los primeros dos encuentros, ganaron el tercero 105-100 y tomaron ventaja de 2-1. En ese momento, la recuperación de la temporada parecía encaminada a convertirse en otra eliminación de los Criollos. Sin embargo, Caguas respondió ganando los siguientes tres partidos por 95-78, 104-80 y 107-95. Santurce pasó de controlar la serie a perderla con tres derrotas consecutivas, dos de ellas por márgenes amplios.
La diferencia estuvo en la solidez colectiva. Caguas tenía un sistema más establecido, mayor estabilidad en sus funciones y una combinación mejor definida entre Travis Trice, Moses Brown, Louis King y el resto de su rotación. Los Criollos realizaron ajustes, limitaron la creación de Santurce y castigaron una defensa que fue perdiendo efectividad. Los Cangrejeros dependieron demasiado de que Clark y sus veteranos produjeran desde iniciativas individuales. Cuando Caguas elevó la presión defensiva y dominó el ritmo, Santurce no encontró suficientes alternativas.
La temporada no puede considerarse un fracaso porque Rosario rescató a un equipo que parecía encaminado a quedarse fuera de la postemporada. Clasificar después de comenzar 7-12 representó un logro importante. No obstante, una franquicia con ese presupuesto, experiencia y cantidad de figuras no fue construida únicamente para llegar a los playoffs.
Los Cangrejeros demostraron que David Rosario puede ser la figura adecuada para dirigir el próximo proyecto, pero también dejaron claro que necesitan algo más que nombres reconocidos. La prioridad debe ser construir una plantilla más equilibrada, rejuvenecer parte de la rotación y establecer funciones desde el comienzo de la temporada. Rosario corrigió la química, recuperó la competitividad y salvó el año, lo que no pudo hacer en pocas semanas fue transformar por completo la composición de un equipo que dependía demasiado de sus veteranos. Santurce terminó compitiendo mucho mejor de lo que comenzó, pero volvió a llegar solamente hasta los cuartos de final.
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