La temporada 2026 de los Santeros de Aguada fue una de las historias más extraordinarias del Baloncesto Superior Nacional. El equipo venía de una campaña de 10-23 en 2025, comenzó el nuevo torneo sin aparecer entre los principales candidatos, terminó la fase regular con una marca de 17-17 y clasificó tercero en la Conferencia B. Nada en esos números anticipaba que eliminaría consecutivamente a los Capitanes de Arecibo y a los Leones de Ponce, regresaría a la serie de campeonato por primera vez desde 2019 y obligaría a los Vaqueros de Bayamón a disputar un séptimo partido.
Los Santeros no conquistaron el campeonato, pero estuvieron a una posesión de colocarse en posición de hacerlo. En el séptimo juego, el marcador estaba 73-72 con menos de un minuto por jugar. Bayamón respondió mediante una anotación de Gary Browne, una intervención defensiva de Renaldo Balkman y tiradas libres para imponerse 81-74.
Aguada pasó de ser uno de los peores equipos de 2025 a convertirse en subcampeón. Lo hizo con una de las nóminas más económicas de la liga, una estructura administrativa renovada, un nuevo dirigente y una plantilla que fue construyéndose poco a poco. Más que acumular grandes nombres, los Santeros encontraron jugadores dispuestos a aceptar funciones específicas dentro de una identidad colectiva. La frase “A pico y pala” resume esa identidad, no fue solamente un lema. Representó la manera en que Aguada sobrevivió a una temporada regular donde realizó cambios de refuerzos, integrando a Joel Soriano durante el tramo final.
Rafael “Pachy” Cruz asumió el mando después de experiencias difíciles con Quebradillas y Manatí. El dirigente no regresaba a una serie final desde 2021. Allans Colón fue incorporado como director de operaciones y trabajó junto al apoderado Wilson López, el coapoderado Joel López y el gerente general Justyn López. La decisión más importante fue contratar a Rigoberto “El Vikingo” Mendoza. El dominicano había sido el Jugador Más Valioso de la final de 2019, precisamente cuando Aguada consiguió el único campeonato de su historia. Sin embargo, llevaba cinco años fuera del BSN y su regreso generó interrogantes.
Mendoza respondió convirtiéndose en el corazón del equipo. Disputó 33 encuentros de la fase regular y promedió 17.6 puntos, 4.7 asistencias y 1.6 robos en 33 minutos. Fue el principal anotador y el jugador encargado de defender a figuras importantes del rival. Podía anotar desde el perímetro, atacar el canasto y asumir posesiones importantes. Defensivamente aceptaba asignaciones exigentes aun cuando también cargaba con buena parte de la creación ofensiva.
Aguada comenzó la temporada con John Brown III, un jugador físico y capaz de producir cerca del canasto. Brown promedió 12.9 puntos y tuvo actuaciones importantes durante las primeras semanas. La organización también había anunciado a Admiral Schofield, pero la composición de importados fue cambiando conforme avanzaba la campaña. La plantilla que abrió la temporada no fue la misma que terminó disputando el campeonato. Jacob “El Coyote” Wiley llegó después de los primeros 11 partidos y cambió la dimensión del conjunto. Participó en 24 encuentros de la fase regular, promedió aproximadamente 12.8 puntos y lanzó para 55.8% de campo. La llegada de Wiley complementó las fortalezas de Mendoza. Wiley encontraba oportunidades cortando hacia el canasto, corriendo en transición o atacando espacios desde la línea de fondo.
Iván Gandía fue otra de las figuras esenciales. El armador disputó 33 partidos y terminó con promedios de 10.5 puntos y 3.3 asistencias. Su principal aportación ofensiva fue el lanzamiento exterior, convirtió 2.3 triples por encuentro con 37.1% de efectividad. Manny Camper fue creciendo hasta convertirse en otra pieza indispensable. Promedió 9.0 puntos en 31 partidos, lanzó para 48.4% de campo y 39.8% desde tres. Camper fue el ejemplo perfecto de la identidad colectiva de los Santeros. Durante la serie final terminó siendo uno de los jugadores más confiables de la rotación.
Antonio Ralat también tuvo momentos importantes, aportó velocidad y capacidad de producir desde el banco. Matthew Lee brindó control del balón, Robiel Morales agregó energía y defensa, Jase Febres, John Holland, Nehiel Pérez, Leandro Allende y los demás integrantes de la plantilla completaron una rotación que no parecía tan profunda sobre el papel como la de Bayamón, Caguas o Arecibo. No obstante, Pachy consiguió que cada jugador entendiera su responsabilidad. Holland, su temporada estuvo condicionada por lesiones y llegó a la final con molestias.
Aguada comenzó la temporada con dos victorias, incluyendo el triunfo 75-72 sobre Mayagüez, pero llegó a tener marca de 8-4 y luego de 8-8. Los Santeros alternaban entre actuaciones convincentes y derrotas preocupantes. Podían competir contra los mejores equipos y después perder ampliamente. La plantilla todavía no encontraba estabilidad y los cambios entre sus importados impedían establecer una rotación definitiva. La respuesta definitiva fue la incorporación de Joel Soriano. El centro dominicano de 6’10” llegó durante junio, prácticamente al concluir la fase regular. Solamente participó en cinco partidos antes de los playoffs, con promedios de 10.2 puntos y seis rebotes en 21.2 minutos. Soriano le proporcionó a Aguada una presencia interior con capacidad para jugar de espalda al canasto. Cuando compartían cancha, Aguada tenía suficiente tamaño para competir contra las plantillas más físicas.
Aguada cerró con marca de 17-17 y ocupó la tercera posición de la Conferencia B. Fue una mejoría considerable respecto al 10-23 de 2025. La postemporada reveló al verdadero Aguada. La primera serie fue contra los Capitanes de Arecibo, segundos en la conferencia. Arecibo parecía tener más recursos y comenzó ganando, los Santeros respondieron con una victoria y posteriormente dominaron 98-86 para tomar ventaja. Arecibo igualó la serie mediante un triunfo, pero Aguada recuperó el control en el quinto encuentro. El sexto partido representó una de las mayores demostraciones del carácter del equipo. Aguada abrió con un parcial de 30-9 y terminó venciendo 101-94 para completar la eliminación 4-2.
En la final de conferencia, Aguada enfrentó a unos Leones de Ponce que acababan de eliminar 4-1 a San Germán. Los Santeros comenzaron imponiéndose 93-70. Gandía convirtió ocho triples y anotó 24 puntos. Ponce respondió ganando el segundo partido 87-80, pero Aguada recuperó el control con triunfos 100-89 y 96-89. La victoria del cuarto encuentro en el Pachín fue importante porque colocó la serie 3-1. Los Leones sobrevivieron en el quinto mediante una dramática victoria 106-105 en dos tiempos extras. Aguada ganó el sexto encuentro en el Pachín y aseguró su primera final desde 2019. Mendoza produjo 28 puntos y 10 asistencias; Soriano añadió 23 tantos y 10 rebotes, mientras Wiley agregó 22 unidades.
La final contra Bayamón parecía presentar una diferencia considerable. Aguada necesitaba controlar el ritmo, reducir pérdidas y convertir la serie en partidos físicos de pocas posesiones. Esa fue precisamente la fórmula que le permitió extender la final. Los Vaqueros ganaron los primeros dos partidos, los Santeros volvieron a responder. Ganaron el tercer partido en tiempo extra con una aportación importante de su banco y después se impusieron en un encuentro completamente defensivo. Bayamón reaccionó dominando en el quinto encuentro recuperaron la ventaja 3-2. El sexto partido resumió toda la temporada de los Santeros. Bayamón llegó a dominar por 16 puntos y se fue al descanso con ventaja 48-32, los Santeros abrieron con una racha de 12-0. Aguada ganó el tercer periodo 31-18 y el cuarto 19-10, superando a Bayamón 50-28 durante la segunda mitad.
El partido decisivo fue una batalla desde el comienzo. Con cinco minutos por jugar, el marcador estaba empatado a 65. Aguada había conseguido exactamente el partido que necesitaba, cerrado, físico y reducido a unas pocas posesiones. Thompson y Balkman conectaron triples consecutivos para colocar el marcador 73-68, pero Wiley respondió con cuatro puntos y redujo la diferencia a 73-72. Con menos de un minuto, los Santeros estaban a una posesión de tomar la delantera en el séptimo juego de la final. Browne convirtió un lanzamiento de media distancia para colocar a Bayamón arriba 75-72. En la siguiente posesión, Balkman bloqueó un intento de Soriano y los Vaqueros aseguraron el resultado desde la línea de tiradas libres 81-74. Aguada nunca permitió que la diferencia de recursos definiera la serie. Ganó dos veces en Bayamón, remontó un déficit de 2-0, sobrevivió después de quedar 3-2 y mantuvo el séptimo partido cerrado durante los últimos cinco minutos.
La temporada de Mendoza debe considerarse uno de los grandes éxitos de la organización. Soriano fue la pieza que terminó de transformar al conjunto. Su presencia convirtió una debilidad interior en una fortaleza y le permitió a Aguada competir físicamente con Arecibo, Ponce y Bayamón. Wiley fue el complemento ideal. En el séptimo partido fue quien mantuvo a Aguada con vida al anotar cuatro puntos consecutivos durante el último tramo. Gandía y Camper demostraron la importancia del talento nativo. Sin sus aportaciones, los Santeros habrían dependido excesivamente de sus tres refuerzos.
El dirigente recibió una plantilla sin grandes expectativas, manejó los cambios de importados y estableció una identidad. Cruz también demostró capacidad para realizar ajustes durante las series. El reto para 2027 será determinar cuánto de esta fórmula puede mantenerse. Aguada deberá fortalecer la profundidad nativa. También será importante contar con mayor profundidad interior.
Los Santeros no conquistaron el segundo campeonato de su historia, pero recuperaron la relevancia de la franquicia. Después de terminar undécimos en 2025, volvieron a llenar el Coliseo Ismael “Chavalillo” Delgado, reactivaron la conexión con su comunidad y demostraron que un mercado pequeño podía competir con la organización más profunda del BSN. Los Santeros no alcanzaron la gloria, pero llegaron hasta su puerta trabajando, exactamente como habían prometido, “a pico y pala”.
Por:JOSEAN RAMOS
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